El corazón de Japón: Kyoto

Hablar de Kyoto es hablar de Japón. Es el lugar que hay que ir para ver todo lo que significa Japón ya que es aquí donde uno encuentra todo aquello asociado al país del sol naciente: antiguos templos, coloridos santuarios y jardines impresionantes. De hecho, se podría decir que Kyoto es el almacén de la cultura tradicional japonesa y donde incluso los mismos japoneses van para aprender sobre su propia cultura.
Con 17 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, más de 1600 templos budistas y más de 400 santuarios, Kyoto es una de las ciudades culturalmente más ricas de todo el planeta! Y eso que la arquitectura tradicional es solo la mitad de lo que esta ciudad ofrece: también hay deslumbrantes bailes de Geishas, actuaciones teatrales japoneses (kabuki) y un increíble amplio espectro de tiendas y restaurantes.

Es por todo esto que es justo decir que Kyoto estaría en lo alto del ranking con París, Londres o Roma como una de las ciudades que cualquiera debería visitar al menos una vez en la vida.
Para entender de donde proviene tanta riqueza cultural hay que remontarse a la historia de la ciudad. Y es que esta fue fundada en el siglo VII con el sólo propósito de ser la nueva capital del país (en substitución de Nara) y así fue desde 794 hasta 1868 periodo en el que albergó la residencia de la familia Imperial japonesa de manera permanente, hasta que esta decidio trasladarse a Edo (la actual Tokyo).
Y ya se sabe, donde está la familia imperial es donde hay prosperidad, donde se desarrollan las artes, la cultura, donde hay crecimiento, etc… algo que sucedió en Kyoto por más de 1000 años!!

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¿Y por donde se empieza visitando una ciudad con tan impresionante carta de presentación?
Es difícil decidirlo teniendo en cuenta la gran cantidad de cosas que hacer y ver. Nosotros pasamos un total de 4 días en los que conseguimos visitar lo más destacado pero si se dispone de tiempo es completamente viable pasar una semana en esta preciosa ciudad.
Nuestro plan lo dividimos de la siguiente manera:
Dia 1 – Sur del barrio de Higashiyama que se extiende al Este del centro de Kyoto
Dia 2 – Norte del barrio de Higashiyama
Dia 3 – Arashiyama y Noroeste de Kyoto
Dia 4 – Centro de Kyoto
El barrio de Higashiyama se extiende a lo largo de la base de las montañas al Este de Kyoto y representa el barrio con mayor concentración de lugares de interés de la ciudad: templos, santuarios, jardines, barrios tradicionales, parques… Tal es así que necesitamos de dos días para cubrir el barrio completamente empezando desde sur hasta el norte.
El punto de partida fue uno de los lugares más emblemáticos e importantes para los japoneses: el Santuario de Fushimi Inari Taisha!

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Este impresionante complejo religioso fue construido por la familia Hata en el siglo VIII en honor a los dioses del arroz y el sake, dos de los productos más apreciados por los japoneses. Esto fue porque en un momento en que la agricultura disminuyó, los dioses fueron envueltos en el papel de protectores y se confió en ellos para la prosperidad en el negocio. Así que durante siglos no se ha escatimado en gastar lo necesario para extender el complejo y asi asegurar que los dioses están bien “satisfechos y orgullosos”.
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Lo que empezó siendo un complejo de apenas un grupo de templos se ha convertido hoy en día en un laberinto de “toriis” que se extienden a través de los bosques de Inari-yama. Un torii es un arco tradicional japonés que se suele encontrar a la entrada de los santuarios, para marcar la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Consiste en dos columnas sobre las que se sustentan dos travesaños paralelos y normalmente se colorea todo el conjunto en tonalidades rojas o bermellones. Tradicionalmente los torii han sido de madera o piedra, pero recientemente se han comenzado a hacer de acero.

El caso de Fushimi Inari es especial porque en lugar de haber un simple torii en la entrada, se han erigido muchos otros, erigidos uno detrás de otro, formando pasadizos en ocasiones muy largos. Y es que a menudo una persona que ha tenido éxito en los negocios dona un torii como muestra de gratitud. No es de extrañar pues que el complejo de Fushimi Inari cuente hoy en día con más de 4km de caminos alineados con miles de toriis!!

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Recorrer todo el circuto toma alrededor de medio dia debido a que el camino sube hasta lo alto de las montañas y vuelve a bajar, dependiendo siempre de la afluencia de gente que hasta aquí vienen.

El siguiente templo que fuimos fue Tofuku-ji. Fue fundado en 1236 y aunque esta comprendido por un total de 24 subtemplos para nosotros lo que realmente nos gustó más fue sus preciosos jardines que datan del 1938.

Otro de los templos budistas que visitamos en esta área fue el templo de Sanjusangen-do construido en 1164 a petición del emperador Go-shirakawa. El edificio principal alberga 1001 estatuas de Kannon (la diosa budista de la misericordia).
No estaba permitido de hacer fotos en el interior, pero no nos importó porque los jardines que rodean al edificio principal sí que bien valen unas cuantas fotos. De nuevo porches y campanarios pintados de bermellón contrastan con el verde de la vegetación y se reflejan en los estanques creando un conjunto de gran belleza. Y es que a estas alturas del viaje ya nos hemos dado cuenta que los japoneses no son solamente unos masters del sushi sino que en lo que respecta a paisajismo se las apañan muy bien!!
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Si pensábamos que hasta ahora todo era precioso, el siguiente templo al que fuimos tampoco se quedaba atrás. Y es que Kiyomizu-dera es uno de los templos más populares de la zona. La estructura principal se situa en lo alto de una colina y tiene unas vistas impresionantes de los alrededores.

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Justo detrás se encuentra Jishu-jinja, un pequeño santuario en el que existen dos piedras separadas una de la otra por 18 metros. Se dice que los visitantes que quieren encontrar el amor, tienen que caminar esa distancia entre las dos piedras con los ojos cerrados, de manera que si no llegan a encontrarse con la piedra significa que su deseo de amor no se cumplirá! Existe la opción de pedir a alquien que te guie pero entonces significa que tu necesitaras de la ayuda de alguien para encontrar el amor verdadero…Umm esto suena a tongo 😉 ¡Nosotros nos libramos por ser nuestra luna de miel! 😛

Tras acabar de visitar el templo, la noche cayo y nos dedicamos a visitar algunas tiendas que se encuentran en la calle principal saliendo del templo, Chawan-zaka, donde es posible comprar artesanía, algunos snacks y como no, souvenirs.
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El segundo día lo pasamos de nuevo en el barrio de HIgashiyama, pero esta vez en su parte norte. En esta área se encuentran alguno de los templos más famosos de la ciudad y es posible de visitar todos ellos a través del conocido como “El camino de la Filosofia”, Tetsugaku-no-michi, un tranquilo paseo peatonal junto a un canal que conecta a lo largo de su recorrido decenas de templos y santuarios.

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La primera de las paradas la hicimos en Ginkaku-ji, un curioso templo cuyo interior esconde un jardín Zen compuesto principalmente de arena poco profunda y en ocasiones grava o rocas. Estos jardines son utilizados como forma de meditación por los monjes Zen y su creación es para la contemplación. Se dice que la arena rastrillada representa el mar.
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Uno de los templos que más nos gustaron fue el de Eikan-do. En realidad se tratan de un conjunto de edificios comunicados por porches pintados algunos de ellos a su vez de varios colores. Pero lo que realmente nos gustó más que las construcciones en sí fue la belleza del lugar en el que se encuentra. Un maravilloso jardín, tan grande que hasta nos atreveríamos a decir que parece más un parque, ya que alberga incluso un enorme estanque en su interior.

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Una de las cosas que queríamos hacer en Japón era ver la actuación de las Geishas y por lo que nos habían contado Kyoto es uno de los mejores lugares para hacerlo debido a la alta concentración de lugares que organizan este espectáculo para los turistas. Así que tras las visitas a los templos nos apresuramos a dirigimos al barrio de Gion para comprar las entradas.
Las calles de Gion son estrechas y están alineadas con preciosas casas japonesas con cubiertas inclinadas y fachadas de madera. La mayoría tienen en su planta baja tiendas de souvenirs, artesanía o restaurantes debido al gran numero de turistas que vienen.

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De hecho, cuando llegamos nos sorprendió que viésemos a tantas personas vestidas con kimonos y dudamos si se trataban de geishas ya que teníamos entendido que estais tienen el rostro pintado, pero al final entendimos que en realidad se trataban simplemente de otros turistas (japoneses la gran mayoría) que les gusta vestir con kimono y hacerse fotos por todos lados. Y cuando pensábamos que iba a ser muy difícil ver a una geisha de verdad, entonces aparecieron!!! Bueno, aparecieron y desapareción en cuestión de segundos y es que no les gustan mucho las cámaras… algo completamente entendible cuando cientos de turistas te están haciendo fotos :S

Finalmente llegó la hora del espectáculo de las Geishas. Eso sí, tuvimos que hacer 1h aproximadamente de cola para conseguir nuestras 2 entradas (5000¥, 41€ approx.).
El espectáculo fue en realidad mucho mejor de lo que pensábamos ya que no sólo se muestra el baile de las Geishas sino que el espectáculo esta compuesto de 7 diferentes artes. La primera arte es la “Ceremonia del Té” una costumbre cuyo origen se remonta en la China de hacia mediados siglo VIII y que fue introducida en Japón por los sacerdotes budistas Zen hacia el siglo XII. Lo tomaban para evitar las somnolencias durante las largas horas de meditación. Fue a principios del siglo XIV cuando beber el té comenzó a hacerse popular entre la gente. Y finalmente hacia el siglo XVI un sacerdote llamado Rikyu estableció la forma de servir y beber el té. Una técnica que consiste en el reconocimiento de la verdadera belleza en la sencillez y la simplicidad que se conserva hasta hoy en día.
La segunda arte es la “Musica de Koto”, o como tocar este instrumento de trece cuerdas que se importó de la China hace 1300 años. Al principio este instrumento se empleó en la Corte Imperial y ya en época más reciente se combina la solemnidad de su sonido con otros instrumentos occidentales creando nuevos ritmos.
La tercera arte es el “Arte Floral” o como colocar las flores en un florero, una tradición que en Japón se remonta al siglo VI, cuando el Budismo vino por primera vez de la China. El arte floral del Japón comenzó con la costumbre de poner flores en el altar nate una imagen de Buda o de un antepasado para consolar el alma. Luego, más tarde, se puso de moda colocar flores en la casa de la ceremonia del té, pero era necesario crear unas formas adecuadas, sencillas, naturales y simbólicas. Así que se creó también una técnica para eso, llamada Nageire. Como son estos japoneses de perfeccionistas y detallistas!!! J

La siguiente arte es el Gjanaku, cuyo significado es “música elegante”. Esta palabra comprende la danza y canto, así como los instrumentos musicales. Esta música se introdujo en la Corte Japonesa en el siglo VIII proveniente de la China, que estaba considerada el centro cultural de todo el Asia.
La 5ª arte es el Kyogen, una especie de comedia corta que tenía lugar durante los entreactos de las representaciones del Noh (drama musical japonés). Esta arte empieza en el siglo XV y hacia el XVI se convierte en una de las diversiones que practicaban los samuráis… ¿Os lo imagináis?

La 6ª arte es la más famosa de todas! Es la danza japonesa practicada por las Geishas y conocida bajo el nombre de Kyomai. Esta danza surgió en el siglo XVII y se desarrolló durante la cultura cortesana del periodo de Tokugawa adoptando la elegancia y sofisticación de los modales de la Corte Imperial. Estas representaciones ejecutados por Maikos y Geishas atraen al público por su belleza, vistosos trajes y suntuosa escenografía.
La última de las artes es el Bunraku o teatro de títeres. Se desarrolló durante un período de más de doce siglos como un espectáculo popular. Pero aún hoy en día el Bunraku sigue floreciendo en gran parte gracias a la habilidad de los manipuladores de los muñecos que consiguen representar de una forma muy realista la naturaleza humana tal como la alegría y el dolor.

Y tras estos dos intensos primeros días en Kyoto en los cuales no hemos parado, bien nos merecemos una buena cena para reponer fuerzas! Y es que esto es solo una parte de todo lo que esta preciosa ciudad ofrece. El resto os lo contaremos en nuestro siguiente post 😛

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