De “las Galápagos de los pobres” al Parque Machalilla

Sabíamos de antemano que Ecuador no destaca precisamente por ser un destino escogido en cuanto a playa se refiere. Sin embargo hasta su costa nos queríamos acercar para ver la que se conoce como “las Galápagos de los pobres”.

Las islas Galápagos (las auténticas) son un grupo de casi 20 islas que se sitúan a unos 1000 km al oeste del país dentro del Océano Pacífico. Su popularidad viene por ser una reserva natural donde se concentra en pocos kilometros cuadrados una gran biodiversidad, de las más  altas del planeta. Un paraíso de fauna y flora que Darwin se encargó de estudiar a su llegada a bordo del Beagle en 1835 durante su segundo viaje por Sudamérica (1831-1836) y que dió a conocer mundialmente a través de su libro “La evolución de las especies“.

Nada podía hacer pensar al naturalista inglés que aquel lugar donde él estableció su laboratorio de investigación, hasta entonces desconocido, casi aislado y al cual nadie tenía ningún interés por llegar se iba a convertir, dos siglos después, en uno de los parques naturales más visitados y populares del mundo, tanto, que visitar las Islas Galapagos se ha convertido hoy en día en un privilegio al alcance de pocos bolsillos.

Para empezar, lo más habitual es llegar a las islas en un vuelo desde cualquiera de las dos ciudades principales del país, Quito o Guayaquil. Un trayecto que puede costar fácilmente más de 100$ por trayecto para un turista extranjero mientras que un nacional tiene el 50% de descuento. Una vez se toma tierra, se debe pagar también una entrada al parque que es de 100$ para los extranjeros y sólo 6$ para los nacionales!

Desplazarse dentro del parque también es caro, ya que al tratarse de un conjunto de islas el único medio de transporte se limita a lanchas o botes cuyos precios se sitúan en torno a 20-25$ por trayecto y persona, dependiendo del destino y lo rápida que sea la embarcacion. Y por último, no olvidar los gastos de alojamiento y sobretodo comida, mucho más cara por el coste de su transporte hasta aquí.

Suponiendo además que no contratásemos ningún tour, sino que nos organizásemos las excursiones por las islas por cuenta propia, estaríamos hablando que la estancia de una semana en las Islas Galápagos puede ascender a 1000$ por persona!

Es por este motivo que como alternativa  ha ganado en popularidad en los últimos años visitar la Isla de la Plata, una isla que situada a una decena de kilómetros de la costa de Ecuador, posee una fauna y flora similares a la que se encuentran en las auténticas Galápagos aunque en menor cantidad, un lugar al que los mismos locales llamaron “las Galápagos de los pobres“.

Así que con el propósito de visitarlas nos acercamos hasta Puerto López, la localidad costera más cercana y desde la cual parten las embarcaciones para allá. El pueblo en sí no es muy bonito, con calles de tierra, casas autoconstruidas con bloques de hormigón muchas a medio acabar y mototaxis (tuc tucs) por todas partes. Solamente su playa resulta un lugar agradable donde bañarse o pasear contemplando el precioso atardecer.

Atardecer en la playa de Puerto Ibáñez.
Atardecer en la playa de Puerto Ibáñez con las embarcaciones al fondo.

Aquí en la playa fue donde nos encontramos a un touroperador que iba captando clientes para hacer excursiones por la zona. Él mismo al preguntarle sobre la visita a la Isla de la Plata nos explicó que ahora (enero) no era la mejor época para ir porque solamente veríamos a los “boobies“, una especie de pato con las patas azules muy famoso en las Galápagos. No íbamos a ver más porque en la isla no habitan iguanas ni tortugas. Es por este motivo que el mejor momento para visitarlas es entre junio y octubre cuando acuden animales de “temporada” como las ballenas azules que encuentran en estas aguas el lugar ideal para aparearse pudiéndolas avistar desde el bote de camino a la isla, así como la llegada de miles de lobos marinos que ocupan las playas de la isla para pasar el verano pudiendo acercarse a ellos una vez se desembarca (y teniendo cuidado de no cabrear a los machos de la manada, atentos por proteger a sus hembras).

No sabemos si fue por nuestra nacionalidad o porque le caímos bien al hombre, pero el caso es que le agradecimos su sinceridad, prefiriendo explicarnos la verdad y no cobrarnos los 35$ que cuesta la excursión a la isla donde no íbamos a ver nada. De hecho fue tan amable que hasta nos indicó otras actividades alternativas para realizar ya que habíamos venido hasta Puerto López. La mayoría se trataban de excursiones de un día para visitar playas aisladas por carretera donde practicar snorkel a unos centenares de metros mar adentro. Todas implicaban el transporte en bote por lo que resultaban un poco caras.

Sin embargo también nos habló del Parque Machalilla, el único parque nacional al lado del mar que tiene Ecuador y al cual podíamos llegar en bus. Un lugar que, nos explicó, antaño había que pagar para verlo pero que el presidente Rafael Correa se encargó de suprimir la tasa de acceso dentro de su política de que “los parques pertenecen a los ciudadanos y todos tienen derecho a visitarlos, sin pagar por ello” (¡dios mío cómo nos gusta este presidente!). Un hombre del que ya conocimos su vida y sus ideales en nuestra visita guiada al Palacio de Gobierno en Quito (véase el post “Quito, la capital de la mitad del mundo“).

Así pues hacia el Parque Machalilla fuimos al día siguiente. El parque se extiende a lo largo de varias decenas de kilómetros siguiendo la costa del Pacífico y contiene centenares de playas que se forman entre las escarpadas montañas que llegan hasta el mar. Algunas de estas playas tienen fácil acceso y son aptas para el baño, mientras que otras están aisladas y tienen un oleaje muy fuerte que rompe contra las rocas de los acantilados que las rodean.

Vista general del Parque Machalilla desde el sendero.
Vista general del Parque Machalilla desde el sendero.

Dentro de este abanico de posibilidades existe un itinerario marcado para visitar unas cuantas playas del parque. Fue en este recorrido donde nos percatamos de la gran cantidad de argentinos que viajan a las costas de Ecuador. No mentiríamos si decimos que el 90% de la gente que nos cruzamos eran de esta nacionalidad! Y es que parece ser que Ecuador es un destino que les favorece visitar como turistas al utilizar dólares (moneda en la que ellos ahorran por la inestabilidad del peso argentino) evitando así  perder dinero en comisiones por el cambio de divisa y porque además Ecuador es un país más barato que Argentina con playas de aguas más cálidas que las que tienen ellos.

Incisos a parte, una de las primeras playas que vimos fue la llamada Playa Tortuguita, en alusión a una pequeña montaña que se levanta a unos metros de la orilla y cuya forma recuerda al caparazón de una tortuga con la cabeza tendida en el suelo. Se trata de una playa con arena fina y aguas tranquilas ideal para pasar un buen rato tumbado o tomando un baño.

Montaña en forma de caparazón de tortuga y cabeza que le da nombre a la playa.
Montaña en forma de caparazón de tortuga y cabeza que le da nombre a la playa.

Otras playas en cambio tenían las orillas llenas de rocas o restos de organismos del mar como algas que eran más propicias para pasear o entretenerse observando las curiosas formaciones en la arena o viendo pasar a aves volar como los pelícanos que lo hacían en grupo.

Una de las playas con rocas en la orilla.
Una de las playas con rocas en la orilla.
Preciosos dibujos creados por el efecto de la olas de mar en la arena.
Preciosos dibujos creados por el efecto de la olas de mar en la arena.
Pelícanos volando sobre el parque.
Pelícanos volando sobre el parque.

También había lugar para las playas “habitadas” como Playa Prieta, donde los cangrejos estaban muy “ocupados” en su labor de crear pequeñas bolas de arena (¡no sabemos para que demonios lo harán!). El caso es que toda la orilla estaba llena de “bolitas” y con el zoom de la cámara fuimos capaces de captar como con sus tenazas rascaban la arena, se la introducían en la boca y después la “escupían” en forma de bola. Una tarea que realizan tooooodo el día! Desde luego qué vida más tranquila! Observándolos uno no puede evitar reflexionar: su casa es un agujero en el suelo y su “trabajo” hacer bolas! Ni hipotecas ni horarios ni atascos… ¡En ocasiones qué odiosas son las comparaciones! 🙂

Curiosos cangrejos "escupe-bolas", muy aplicados en su trabajo.
Curiosos cangrejos “escupe-bolas”, muy aplicados en su trabajo.
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