¡Vaya, vaya en Brasil sí hay playa!

En principio Brasil no entraba en nuestros planes como destino a visitar ya que sabíamos de antemano que es uno de los paises más caros de Sudamérica y este año 2014 con más motivo ya que organiza la Copa do Mondo de futbol. Sin embargo, tampoco descartábamos en cualquier momento hacer una visita rápida, sobretodo a su ciudad más conocida internacionalmente, Rio de Janeiro. Y es que después de haber estado en Buenos Aires y las Cataratas de Iguazú, la tentación de hacer una escapada por el país vecino era muy grande. Motivos no nos faltaban: tienen un idioma y cultura distintos, la comida es muy sabrosa y sobretodo: ¡echábamos de menos el calorcito y la playa después de varios meses de frío en Bolivia, Chile y Argentina! Y es que aunque en la Patagonia hay miles de kilómetros de costa, no hay playas aptas para el baño porque las heladas aguas del Pacifico lo impiden. :S Era pues, la excusa perfecta para quedarnos unas semanas en el país de la samba, los caipirinhas y el culto al cuerpo.
Sin embargo, a parte de Rio de Janeiro, poco más lugares sabíamos para visitar en este ENORME pais de mas de 150 millones de habitantes y mas grande que toda Europa! Menos mal que los ultimos dias que pasamos en el norte de Argentina nos encontramos con muchos brasileños que habían cruzado la frontera para viajar. Hablando con ellos les comentábamos que quizas pensabamos hacer una visita a su pais y al pedir recomendaciones de lugares para conocer todos nos decian lo mismo: “si os gusta la playa entonces tenéis que ir a Florianópolis“. ¿Floria qué? Al principio pensamos que nos estaban tomando el pelo. ¿Como podía existir un lugar con ese nombre más propio de una serie de dibujos animados que de un destino turístico? Daba igual, si algo hemos aprendido viajando es que los lugares de los que te hablan la gente suelen ser mas interesantes que los que puedas leer en cualquier guia. Así que para allá que fuimos.
Florianopolis es una gran ciudad situada en el sur de Brasil que ha aumentado su fama a raiz de ser el puente de acceso a la isla de Santa Catarina, considerada uno de los lugares donde se encuentran las playas más bellas del país.
Tomando un baño en un de las playas de Isla Catarina (Florianopolis).
Tomando un baño en un de las playas de Isla Catarina (Florianopolis).
La isla tiene apenas 100 km de longitud por unos 25 km de ancho y ofrece múltiples poblaciones donde alojarse. El norte es donde se concentra la mayoría de la gente mientras que el sur es más tranquilo y aislado. Sin saber muy bien donde dirigirnos todavía llegamos a la terminal de buses de Florianopolis y un hombre se nos acercó ofreciéndonos un apartamento equipado completamente junto a la playa por 80 reales la noche (24€). “Demasiado bueno para creerlo” pensamos, porque sabíamos que el precio de una cama en un hostel rondaba los 12€/persona. Así que poco teníamos que perder.
Lo seguimos hasta Barra de Lagoa, un pequeño pueblo junto al mar situado en la parte central de la isla y donde se encontraba el apartamento que, como nos demostró, lo tenía todo incluida una cocina para prepararnos la comida.
Playa en Barra da Lagoa a nuestra llegada al atardecer.
Playa en Barra da Lagoa a nuestra llegada al atardecer.
Estuvimos tan a gusto en el apartamento, el pueblo y la isla en general que finalmente nos quedamos 5 días, incluidas las noches de Nochebuena y Navidad disfrutando de un ambiente al que no estabamos acostumbrados: calor y playa. Menos mal que aquí no hay tradición de comer turrón porque sino sí que nos hubiésemos sentido totalmente extraños comiendo este dulce en ropa corta y sudando! :O Y es que si algo nos sorprendió es que no vimos celebrar la Navidad a los brasileños, apesar de ser un país totalmente cristiano y muy religioso. En cualquier caso nosotros sí que lo celebramos en nuestro apartamentito preparándonos una sencilla cena en la que no había marisco, pero sí champán. 😛
Durante nuestra estancia en la isla intentamos recorrer un poco de cada parte de ella. Así pues, el primer día cogimos un bus y nos dirigimos al sur a explorar las playas más aisladas de la isla. Nos apeamos en la pequeña villa pesquera de Pantano do Sul y tras ver las capturas con que retornaron los pescadores a tierra firme, cogimos una trilha (sendero) que nos llevó hasta la bonita playa de Lagoinha do Leste.
Arriba: Pescador cortando una manta y lanzando los despojos a las aves. Abajo: Barca del pueblo y botín del día.
Arriba: Pescador cortando una manta y lanzando los despojos a las aves. Abajo: Barca del pueblo y botín del día.
Playa de Lagoinha do Leste.
Playa de Lagoinha do Leste.
Allí descansamos un buen rato y comimos hasta que se empezó a nublar el cielo. En ese momento, retomamos la ruta que siguiendo la costa a cierta altura nos conduciría hasta la playa de Matadeiro, mucho más concurrida y donde vimos por primera vez a los socorristas brasileños con su colorido uniforme, un trabajo que aquí en Brasil desempeñan los “bombeiros”.
Playa de Matadeiros.
Playa de Matadeiros.
Los bombeiros son también socorristas en Brasil.
Los bombeiros son también socorristas en Brasil.
Otro día fuimos a visitar la parte central de la isla que era donde estábamos alojados. Dimos una pequeña vuelta por la principal población, la vecina Lagoa da Conceiçao, un pueblo muy turístico con decenas de tiendas y restaurantes pero que es muy agradable para pasar el dia sobretodo gracias a la gran laguna interior de la cual recibe su nombre. Un lugar donde la gente juega al futvoley, se baña o hace kayak.
Izquierda: Papa Noel de una tienda. Derecha: Lagoa de Conceiçao y partido de futvoley.
Izquierda: Papa Noel de una tienda. Derecha: Lagoa de Conceiçao y partido de futvoley.
A unos kilómetros de aquí se encuentra una de las playas más famosas (y concurridas) de la isla, Praia Mole. Aunque es una playa más propicia para los surfistas por el gran oleaje que tiene la mar, son muchos los locales que la escogen para pasar el día, suponemos que por la belleza del lugar y la proximidad a la ciudad.
Praia Molé.
Praia Molé.
Personalmente la que más nos gustó a nosotros fue la que escogimos por azar para pasar el último día en la isla, Praia Joaquina. Situada también muy cerca del centro, es una playa larguiiiiísima donde uno puede alejarse de las multitudes y disfrutar del baño con tranquilidad pero también donde la gente que le gusta hacer ejercicio va a correr o andar cuando el sol empieza a caer y la calor a aflojar.
La larguísima Praia Joaquina.
La larguísima Praia Joaquina.
La playa es ideal para hacer ejercicio con la caída del sol.
La playa es ideal para hacer ejercicio con la caída del sol.
Atardecer con los últimos bañistas de la playa.
Atardecer con los últimos bañistas de la playa.
No sabemos si las playas de Isla Santa Catarina son las mejores de Brasil o no porque no conocemos de otras, pero si podemos decir que la isla ofrece todo aquello que cualquiera busque en sus más de 30 playas: relax, diversión, surf, aislamiento… Para nosotros esos 5 días supusieron un anhelado descanso  después del cansado periplo por la Patagonia pasando miles de horas en el bus y haciendo trekings por los parques nacionales.
Ahora, con las pilas bien cargadas ya podemos reanudar el viaje y afrontar la visita a una de las ciudades más famosas, bonitas, pobladas pero también más peligrosas de Brasil. Nos espera Rio de Janeiro!
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2 Comentarios Agrega el tuyo

    1. oskar9bike dice:

      Desde luego para los surfistas como tu es un auténtico paraíso!
      Saludos!

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