P.N. Torres del Paine: glaciar Grey y Lago Pehoé

Si había un momento en el viaje al que temíamos llegar era este, realizar uno de los trekings más famosos del mundo, el del Parque Nacional Torres del Paine. No era la primera vez que íbamos a afrontar un treking por alta montaña, antes ya lo habíamos hecho en la Cordillera Blanca en Perú con altitudes mucho mayores en torno a 4000 y 5000 metros, pero en aquella ocasión era diferente porque se trataban de excursiones de un sólo día que no implicaban dormir al raso o cargar con una gran mochila a las espaldas, por lo que teníamos nuestras dudas de si íbamos a ser capaces de afrontar este reto. Ahora, después de 6 días de caminata, os podemos contar que nos costó, que fue duro, agotador, cansado… pero que valió la pena el esfuerzo. Os presentamos Las Torres del Paine!

Las Torres del Paine.
Las Torres del Paine.

Pero empecemos la historia desde el principio. Desde El Calafate nos desplazamos a Puerto Natales, un pueblo costero situado a 100 kilómetros del parque que se ha convertido en la base ideal donde alojarse antes y después del treking no sólo por su proximidad sino porque también está repleto de tiendas de material de montaña donde equiparse con todo lo necesario. Nosotros no fuimos la excepción y pasamos allí también dos noches. Tras alquilar el material y comprar las provisiones, cogimos el “colectivo” (bus) que nos llevó hasta las taquillas del parque e hicimos efectivo los 18000 pesos  (25€) que cuesta la entrada.

Una vez dentro teníamos que decidir por donde empezábamos el treking. En el parque existen principalmente dos senderos, uno llamado “el circuito” que rodea todo el macizo montañoso del parque en un recorrido circular que precisa de unos 10 días para completarlo y el otro es el sendero “W”  llamado así porque su trazado tiene esa forma. Es la opción más popular ya que se recorren los paisajes más interesantes del parque y requiere “sólo” entre 4 y 6 días.

La mayoría de la gente opta por recorrerlo en dirección este-oeste, empezando por la principal vista del parque (las Torres del Paine) pero nosotros decidimos finalmente hacerlo al revés de manera que acabásemos la caminata con la vista de las Torres, así que nos apeamos del bus en la última parada. Hacia el mediodía empezábamos el treking con energía pero también con mucho, muchísimo peso sobre nuestras espaldas.

El sendero que recorrimos el primer día fue perfecto para empezar el treking. Sin apenas desnivel, transcurrió por grandes llanos que nos acercaron poco a poco al macizo montañoso del parque, el cual nos acompañó a lo lejos durante todo el día.

Los llanos protagonizaban el paisaje del primer día de caminata.
Los llanos protagonizaban el paisaje del primer día de caminata.
Las cumbres montañosas del parque, hacia nos dirigíamos.
Las cumbres montañosas del parque, hacia nos dirigíamos.

No fue hasta la última parte del sendero antes de llegar al camping que el llano desapareció y dió lugar a unas vistas preciosas del Lago Pehoé a nuestra derecha. Entonces entendimos que los antiguos indígenas que habitaban por estas tierras le llamaran a este lugar Torres del Paine, ya que “Paine” significa azul, el color que tienen los lagos que rodean a las cumbres montañosas y que se vuelve tan intenso con la luz del sol que parece artificial, como si fuera el color de un lienzo más que de un paisaje real.

Sendero con el Lago Pehoe al fondo.
Sendero con el Lago Pehoe al fondo.
Contemplando la totalidad del Lago Pehoé.
Contemplando la totalidad del Lago Pehoé.
Vista cercana del lago: el color azul no parece real!
Vista cercana del lago: el color azul no parece real!
Detalle.
Detalle.

Ya no nos despegamos del lago hasta llegar al campamento situado a sus orillas donde pasaríamos la primera noche. En todo nuestro periplo viajero era la primera vez que íbamos a dormir en una “carpa” (tienda de campaña) y ya no recordábamos lo incómodo que era. Además para colmo el tiempo cambió drásticamente (es lo que tiene el clima de montaña) y empezó a llover para no parar durante toda la noche. Por lo menos la lluvia tuvo la decencia de darnos tiempo para montar la tienda de 20€ que habíamos comprado en un super en Argentina y aunque al principio parecía que aguantaba, acabamos pasando algún apuro con algunas goteras. :S

El segundo día fue muy distinto al primero. Se levantó tan nublado que no se veían las cumbres de las montañas y el camino se volvió mucho más exigente convirtiéndose en una ascensión a través de rocas y con un viento de cara fortísimo. Era la antesala de lo que nos aguardaba al final de la etapa, ver uno de los glaciares del parque, el Glaciar Grey.

Camino rocoso hacia el glaciar Grey, que se intuye al fondo.
Camino rocoso hacia el glaciar Grey, que se intuye al fondo.

Para llegar a él tuvimos que recorrer toda la orilla del Lago Grey donde se encuentra, un recorrido que nos demoró 4 horas y en el cual ya pudimos ver trozos de hielo que se habían desprendido flotando cerca de las orillas, cada vez más frecuentes y mayores a medida que nos íbamos acercando al glaciar.

Pequeños icebergs flotando a la deriva nos indican que nos aproximamos al glaciar.
Pequeños icebergs flotando a la deriva nos indican que nos aproximamos al glaciar.

De repente, a lo lejos, empezamos a distinguir entre la neblina la gran masa de hielo y nos quedamos asombrados de lo grande que es. Cuanto más te acercas más consciencia vas adquiriendo de las dimensiones que tiene y no es hasta el momento que ves a un barco de turistas acercándose a su frente que lo comparas en tamaño y te haces una idea de lo que estas viendo: un gigantesco campo de hielo que se pierde en el horizonte, sin final!

Raquel acercándose al glaciar donde nos impresiona sus gigantescas dimensiones!
Raquel acercándose al glaciar del cual nos impresiona sus gigantescas dimensiones!
Es imposible alcanzar a ver el final de la extensión del glaciar!
Es imposible alcanzar a ver el final de su extensión!
El barco de turistas es diminuto en comparación con el enorme frente del glaciar.
El barco de turistas es diminuto en comparación con el enorme frente.

Es justo un par de kilómetros antes de llegar al glaciar donde terminaría nuestra caminata del según día, en el Refugio Grey. Aquí volveríamos a montar la carpa pero esta vez entre unos buenos árboles que nos resguardasen de una posible lluvia que al final nunca llegó. 😉

Montando la carpa el segundo día de caminata.
Montando la carpa el segundo día de caminata.

El tercer día simplemente deshicimos el mismo camino por al lado del Lago Grey y recorrimos 7,5 km extra para alcanzar el campamento Italiano donde descansaríamos de nuevo antes de afrontar al día siguiente uno de los paisajes que más nos han gustado, el Valle Francés. Pero eso os lo contaremos en el siguiente post junto con una sorpresa (que nos dió un buen susto! :S)

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