El Bolsón

Al Bolsón llegamos de nuevo haciendo autostop desde Bariloche, primero acercándonos unos kilómetros un par de gauchos que iban a trabajar en su camioneta Chevrolet oxidada y después con el auto nuevo de una pareja de chilenos que estaban haciendo turismo en la zona.

Uno de los rótulos del pueblo que hacen referencia a la feria y la tradición del pueblo.
Uno de los rótulos del pueblo que hacen referencia a la feria y la tradición del pueblo.

El pueblo era popular al principio por su feria artesanal que tiene lugar 2 veces a la semana y a la cual asisten los habitantes de las comarcas de los alrededores, pero en la actualidad es por su situación rodeado de grandes montañas y ríos que ofrece grandes oportunidades para la práctica del senderismo, el rafting o excursiones en caballo que El Bolsón se ha convertido en un destino obligatorio para los amantes de la naturaleza.

Plaza principal del Bolsón con el entorno montañoso de fondo.
Plaza principal del Bolsón con el entorno montañoso de fondo.

Hay gente que pasa semanas aquí haciendo excursiones a las cumbres y visitando lagunas, bosques y glaciares situados a pocos kilómetros de caminata pernoctando en refugios, pero en nuestro caso solo queríamos hacer algunos paseos por la zona y dejar los trekings de alta montaña para otra ocasión, así que nos limitamos a visitar los lugares de interés más cercanos y fáciles de acceder.

Uno de los recorridos más asequibles que existen es una pista de grava cercana al pueblo que asciende por la montaña junto a un acantilado con preciosas vistas al valle del río Azul y el lago Puelo al fondo. Al final del camino se encuentra un mirador desde donde se puede observar la conocida como “Cabeza del Indio“, el perfil de un rostro indígena reproducido en uno de los acantilados.

Valle del río Azul con el lago Puelo al fondo.
Valle del río Azul con el lago Puelo al fondo.
La cabeza del Indio, acantilado del Valle del Azul y Cascada Escondida.
La cabeza del Indio, acantilado del Valle del Azul y Cascada Escondida.

Tras comer nuestra bolsa de picnic, descendimos hasta el río y en el camino encontramos un par de cascadas, primero Cascada Escondida que emerge de lo alto de una gigantesca roca en medio de la densa vegetación, y segundo la Cascada Mallin Ahogado, mucho menos alta pero más ancha y que ofrece un fenomenal baño en la piscina natural que forma en su base.

Preciosa cascada de Mallin Ahogado.
Preciosa cascada de Mallin Ahogado.
Detalle.
Detalle.

Otro día fuimos a visitar uno de los lugares más populares entre los locales, el llamado Cajón del Azul. Se trata de un sendero que al principio transcurre entre bosques pero que después de una hora, aparece junto al río del mismo nombre y asciende atravesando varias piscinas naturales de agua cristalina que dejan ver su profundidad. En verano suelen estar plagadas de gente pero para la época que estábamos (finales de primavera) aún el agua estaba bastante fría y no apetecía mucho zambullirme a pesar de su agradable color.

Parte baja del Río Azul.
Parte baja del Río Azul.
Pasarelas de acceso al sendero cercano al río.
Pasarelas de acceso al sendero cercano al río.
Piscinas naturales del río Azul donde da ganas de tomarse un baño.
Piscinas naturales del río Azul donde da ganas de tomarse un baño.

Continuando montaña arriba el curso del río empieza a estrecharse entre paredes rocosas inaccesibles y es al cabo de 3 horas de caminata que llegamos a la parte más famosa del recorrido y que da nombre al lugar: el Cajón del Azul. El río en este punto se encajona entre paredes de gran altura y en un determinado punto una roca cubre el mismo formando una especie de puente natural! Alucinante! Unos troncos que la gente local colocó aquí permiten de cruzarlo con más seguridad, pero si se mira a los pies puede verse que existen estrechas grietas que dejan ver la altura del cajón. Algo que te pone los pelos de punta de verdad!

Vistas del cañón que encierra el río y el famoso cajón del Azul, que lo cubre!
Vistas del cañón que encierra el río y el famoso cajón del Azul, que lo cubre!

Ya de vuelta al pueblo, nos cruzamos con algunos gauchos, habitantes autóctonos de la zona que viven en las montañas con sus caballos y animales. Gente seria y fría producto de la dura vida en la alta montaña.

Y con esto dimos por finalizada nuestra visita a este acogedor pueblo rodeado de tradición y montañas. Un lugar que nos hubiera gustado explorar más a fondo caminando por sus cumbres y senderos a gran altura pero al cual llegamos algo agotados desde Bariloche por realizar tantos recorridos allí entre los parques naturales. Quizás en el futuro tengamos la ocasión de volver a disfrutar de sus alrededores, pero esta vez más descansados! 🙂

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