San Miguel de Allende, un pueblo bicolor con acento inglés

Desde Guanajuato nos dirigimos a la pequeña población de San Miguel de Allende, de unos 60.000 habitantes y situada a poco más de 1 hora en autobús. Cuando llegamos, nos pareció volver a ver una reproducción en miniatura de Guanajuato, ya que las casas también están pintadas de colores pero en esta ocasión los colores son sólo 2 (granate y amarillo) y estos se van alternando sucesivamente.

Casas de colores en la calle principal.
Casas de colores en la calle principal.
Incluso algunas iglesias tienen los colores amarillo y granate de las casas!
Incluso algunas iglesias tienen los colores amarillo y granate de las casas!

En realidad es el juego de los colores y la arquitectura colonial el principal atractivo del pueblo junto con su plaza principal llamada El Jardín, un pequeño parque cubierto de árboles, frente al cual se levanta la Parroquia de San Miguel Arcángel, el edificio religioso más importante del pueblo.

Fachada y cúpula interior de la parroquia.
Fachada y cúpula interior de la parroquia.
Porches que envuelven El Jardín, la plaza principal de Allende.
Porches que envuelven El Jardín, la plaza principal de Allende.

Una de las particularidades que tiene San Miguel de Allende es que una quinta parte de su población es de habla inglesa (unos 12.000 habitantes) que bien viven aquí o tienen una casa. Resulta que hacia el 1810 se instalaron aquí soldados irlandeses que vinieron para apoyar en la lucha por la independencia a los rebeldes mexicanos liderados por Miguel Hidalgo quien inició la contienda a unos kilómetros de aquí, en el vecino pueblo de Dolores Hidalgo. A partir de entonces en San Miguel de Allende siempre han habido extranjeros y con el tiempo estos fueron aumentando en número creando en las últimas décadas varios negocios como restaurantes, tiendas de souvenirs, hoteles boutique… que han traído la prosperidad al lugar y de ahí que se haya convertido hoy en día en uno de los destinos “chic” de México.

Junto a esculturas en uno de los museos del folklore.
Junto a esculturas en uno de los museos del folklore.

La convivencia con los mejicanos es muy buena, pero es tan grande el “ghetto” que han formado que no han aprendido a hablar el español. Es más, los mexicanos se han adaptado a ellos hasta el punto de que les organizan en una de las iglesias del pueblo una misa en inglés. Que fuerte!

A parte de esto, para nosotros San Miguel no tiene mucho más que ofrecer como para justificar el alto precio de sus alojamientos. Pero, como es de costumbre, allá donde hay extranjeros (sobretodo sí son americanos o europeos) el nivel de vida se encarece. Para terminar nuestra visita, ascendimos andando a El Mirador donde disfrutamos de una agradable vista.

Curiosa gasolinera de principios de siglo en el centro del pueblo.
Curiosa gasolinera de principios de siglo en el centro del pueblo.
Vista de San Miguel desde el mirador.
Vista de San Miguel desde el mirador.
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